Adolescentes desmotivados
En la adolescencia, es común que muchos jóvenes no sepan qué quieren hacer con su vida. De hecho, solo una pequeña parte tiene un plan claro para su futuro. La mayoría camina entre dudas, presiones externas y una búsqueda personal que apenas empieza. Como padres, esto puede generar inquietud, pero es importante recordar que no tener rumbo definido también forma parte del proceso de crecer.
En este artículo exploraremos por qué ocurre esto y cómo podemos acompañarlos de manera respetuosa y efectiva para favorecer su motivación, su curiosidad y su autonomía.
La realidad: la mayoría de los adolescentes no tiene un plan definido
No es extraño que un adolescente responda con indiferencia cuando le preguntas si quiere ir a la universidad o qué quiere estudiar. Hoy, además, la sociedad envía mensajes donde parece que el éxito se mide en dinero rápido y reconocimiento constante. Muchos jóvenes ven modelos como youtubers, influencers o inversionistas en criptomonedas y creen que llegar ahí es sencillo y sin esfuerzo.
Sin embargo:
- Esos caminos también requieren disciplina.
- Detrás de cada éxito visible hubo mucho trabajo.
- Y también interviene el azar, la oportunidad y el contexto.
Compararse con los demás es otra fuente de presión. En la adolescencia, la socialización tiene un peso enorme y suele parecer que “todos los demás ya tienen la vida resuelta”. Pero eso no es real. Solo vemos la fachada y nunca el proceso.
El trabajo y la experiencia real como aprendizaje
Una opción útil es que los adolescentes trabajen en verano o durante un periodo corto. No se trata de explotarlos, sino de que vean el mundo real:
- El esfuerzo que requiere ganar dinero
- La organización del tiempo
- La responsabilidad frente a otros
La experiencia propia enseña más que mil recomendaciones.
La curiosidad como motor de la motivación en adolescentes
La curiosidad es una puerta abierta a descubrir lo que aún no saben que les gusta. Y, curiosamente, crece mejor cuando no está vigilada.
Puedes ayudarles a despertar esta curiosidad de varias maneras:
- Presentándoles a personas apasionadas por su trabajo.
- Exponiéndolos a nuevas actividades sin obligarlos.
- Ofreciéndoles libertad para explorar intereses, aunque sean “raros” o pasajeros.
La mitad de esas exploraciones se convertirán en algo sólido. La otra mitad se desvanecerá. Y eso también está bien.Saber lo que no quieren también les acerca a lo que sí quieren.
Dar responsabilidades reales: la motivación nace de sentirse capaz
La motivación crece donde hay responsabilidad auténtica.
Algunas tareas útiles:
- Organizar un viaje o salida
- Gestionar su propio presupuesto
- Encargarse de algo en casa que tenga consecuencias reales
Cuando ven resultados concretos, sienten que pueden. Y eso impulsa.
Libertad, límites y acompañamiento
Educar no es dirigir, sino acompañar.
Es importante dejar claro que en casa:
- Se puede vivir estudiando o trabajando
- Pero no es una opción no hacer nada
No desde el castigo, sino desde el mensaje: “Eres parte real de este mundo, y cuentas.”
Permitirles decidir, equivocarse y volver a intentar es fundamental. La motivación auténtica solo nace de la voluntad propia, no de la presión externa.
Metas pequeñas, avances visibles
Preguntarles constantemente “¿qué harás con tu vida?” solo les abruma. En cambio, funcionan mucho mejor:
- Metas cortas
- Claras
- Alcanzables
- Con retroalimentación rápida
La juventud vive la urgencia del presente. Trabajemos con esa energía en lugar de ir contra ella.
La motivación en adolescentes no desaparece. A veces simplemente se esconde detrás de la duda, del ruido y de la prisa. Cuando veas a tu hijo mirando la nevera como si la respuesta estuviera entre los yogures, respira. No está perdido, está pensando, procesando, creciendo.
Tu papel es acompañar, orientar y dejar espacio.
La motivación llega, pero a su ritmo.

